"El arte es un accidente necesario"
By Nara Viktoria
Entrar al estudio de Santa Orozco es entrar a un archivo vivo donde el blanco y negro de la memoria familiar choca con una explosión de color contemporáneo. Con 26 años de trayectoria, Santa ha transitado por la academia, el grabado en piedra y la docencia, solo para descubrir que el arte, al igual que la vida, es una serie de accidentes afortunados.
Hablamos sobre su transición de la oscuridad del negativo a la luz del lienzo, su rechazo a los cánones académicos y por qué, a pesar de la Inteligencia Artificial, el contacto prehistórico con la herramienta sigue siendo lo único que nos salva.
El origen: De las tareas escolares al diseño por accidente
Nara: ¿Quién es Santa Orozco y cómo empezó este viaje?
Santa: Soy artista visual desde hace 26 años. Mis primeras manifestaciones fueron en la secundaria; los maestros me pagaban por hacerle los dibujos de las tareas a los demás. Ahí empezó la iniciativa del color. Estudiar artes fue casi un accidente; originalmente iba para diseño gráfico, pero como mi hermana ya era diseñadora, no quería que hubiera dos en la misma casa. Salté a la Facultad de Artes Visuales y ahí empezaron mis pininos.
La influencia: De Frida Kahlo al realismo flamenco
Nara: ¿Quiénes han sido tus guías o inspiraciones en este camino?
Santa: Al principio de la carrera me gustaba mucho Frida Kahlo por sus diarios, esa parte de documentar el día a día me movía mucho. Pero hoy, para nada. Frida fue un accidente. Mis verdaderas obsesiones están en la pintura flamenca e inglesa. Cuando vi obra flamenca en un museo por primera vez, dije: “No manches, yo no estoy pintando”.
También me marcó mucho David Hockney, Toledo por su línea y Van Gogh, pero no por su pintura, sino por su dibujo. Para mí, Van Gogh es uno de los mejores dibujantes de la historia. Me atraen los artistas complicados, los que trabajan sobre la pobreza o la muerte sin tener una ayuda económica exquisita detrás.
La memoria en Blanco y Negro
Nara: Pasaste 12 años trabajando casi exclusivamente en blanco y negro. ¿De dónde venía esa austeridad visual?
Santa: Viene de mi hermana, que me hizo trabajar mucho tiempo con ella en fotografía. Encontré en el cajón de fotos de mi mamá muchas imágenes de mi papá, negativos de alguien de quien nunca supe mucho. Mi proyecto de titulación fue investigar esa "caja de recuerdos". No me importaba la parte emotiva, sino el contraste, el vacío y la pobreza que se veía en esas fotos tomadas por fotógrafos ambulantes en las vecindades. Me clavé en la litografía y en la piedra durante más de una década.
El quiebre: La docencia y el regreso al color
Nara: ¿Cómo fue que el color volvió a invadir tu obra?
Santa: Fue un golpe de realidad. Después de que no me dieron la beca del FONCA, entré a la docencia en escuelas de gobierno. Tuve que dejar la producción personal un poco de lado. Pero el contacto con los adolescentes rompió todos mis esquemas. Me volví a enseñar a pintar. Ellos, que no tienen nociones académicas, tienen una creatividad envidiable porque no están "enviciados" como nosotros los artistas. Me devolvieron la libertad de usar el color.
Sobre el mercado y la autenticidad
Nara: Te han dicho que tus cuadros parecen hechos por 50 personas diferentes por la variedad de estilos. ¿Cómo te afecta esa crítica?
Santa: Me parece cruel que se lo digan a un estudiante. Pero mira a Picasso, él pasó por todos los rangos y nadie le cuestionó nada. Hay artistas que tienen mucha suerte y a otros nos cuesta más. Como mujeres, a veces pintamos temas que no se venden fácilmente. Yo prefiero mil veces una litografía de un artista desconocido en un bazar que un póster frío. Lo que importa es el proceso manual, el tiempo que le dedicas a la obra. Eso es lo que le da valor, no el producto terminado.
El futuro: IA vs. El Oficio Prehistórico
Nara: ¿Qué piensas del arte digital y la Inteligencia Artificial en un mundo tan efímero como el de Instagram?
Santa: El contacto con las herramientas se me hace algo prehistórico y me encanta. El grabado o la pintura implican tiempo, y eso nunca va a pasar de moda. Sobre la IA, creo que es una herramienta más. La máquina tiene sus códigos y limitaciones, pero el oficio es lo que a mí me apasiona. La IA se alimenta de lo ya creado, no crea nada nuevo. Nosotros también nos alimentamos de influencias, pero hay un análisis y una necesidad crítica que la máquina no tiene. Para los que compran por moda, la IA está bien; pero como inversión o como obra maestra, eso siempre va a tronar. El cuadro de Frida Kahlo siempre subirá de precio; la moda de la IA pasará.