"Sigo siendo yo, no estoy mutilada"

Un cabezazo accidental, una cirugía de seis horas y la lucha por la dignidad cuando el sistema te da la espalda.Un cabezazo accidental, una cirugía de seis horas y la lucha por la dignidad cuando el sistema te da la espalda.

By Nara Viktoria

A sus 70 años, Rita María del Carmen tiene la mirada de quien ha regresado de la muerte. No una, sino varias veces. La conocí hace 36 años, pero hoy la veo por primera vez a través de mi lente, despojada de artificios, mostrando la cicatriz que atraviesa su tórax como un mapa de guerra. Su historia no es solo la de una sobreviviente de cáncer; es la crónica de una mujer que se niega a ser definida por lo que le falta.

El “Milagro” del Berrinche

Todo empezó con un golpe. Un cabezazo de su bisnieto de dos años durante un berrinche. Ese dolor en el tórax, que parecía un simple golpe, reveló un tumor altamente agresivo que se había escondido de las mastografías de rutina.

“Gracias a ese cabezazo pudimos darnos cuenta. Me dolió mucho, pero fue el inicio de mi calvario y mi salvación”, narra Rita. Lo que siguió fue una carrera contra el tiempo: diagnósticos apresurados, biopsias “terriblemente dolorosas” y la entrada a un mundo de químicos rojos y blancos que empezaron a minar su cuerpo de 70 años

La Despedida antes del Quirófano

El momento más crudo de nuestra charla llega cuando Rita recuerda su entrevista con el anestesiólogo. Su cuerpo estaba tan intoxicado por las 26 quimioterapias que el riesgo de un paro cardiorrespiratorio era casi una certeza.

“Me dijeron: ‘Su corazón está bien, pero su cuerpo está intoxicado. Es probable que su corazón no aguante’. Entonces entendí: me van a operar para salvar mi vida, pero es probable que me muera en el intento.”

La Herida Social: Cuando el Estado se retira

Pero el cáncer no fue el único enemigo. Rita es testigo del abandono institucional. Tras la desaparición del Seguro Popular y el cambio de políticas de salud en México, su tratamiento —incluyendo medicamentos de 150,000 pesos que su vida dependía de ellos— se detuvo en seco.

“El señor presidente retiró el apoyo y nos quedamos sin atención. Muchas de mis compañeras ya han fallecido. Estábamos luchando y nos dejaron solas”, denuncia con una mezcla de tristeza e impotencia. Hoy, Rita no sabe si el cáncer ha vuelto; vive en la incertidumbre de no tener un hospital que la reciba para monitorear sus células.

El Cuerpo como Manifiesto

La parte más poderosa de la sesión fotográfica fue cuando Rita confrontó su propia imagen. Me mostró sus costillas salidas, el hueco en su tórax donde el tumor estaba adherido al hueso, y su brazo que ya no alcanza el cielo.

Rita se despidió de sus hijos. Dejó instrucciones. Tomó la mano de su hija hasta la puerta del quirófano y entró pidiendo no ser desamparada. Seis horas después, despertó llorando al darse cuenta de que seguía viva.

“Un doctor me dijo: ‘Usted está mutilada’. Esa palabra duele. No estamos mutiladas, nos falta algo, pero seguimos siendo las mismas. Yo sigo siendo Rita. Tengo una cicatriz espantosa, pero estoy luchando por vivir.”

El Presente: Tejer para Resistir

Hoy, Rita no puede cargar un vaso de agua con fuerza o agacharse sin perder el equilibrio. Pero sus manos no descansan. Se pasa el día tejiendo para ayudar económicamente a su familia, a sus bisnietos, a esos niños que son su motor.

Rita no busca lástima. Busca que se entienda que el cáncer es una batalla de valientes, una que se libra en el espejo, en el bolsillo y en el alma todos los días.

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