Del diseño gráfico al fotoperiodismo accidental, las noches de tormenta estilo Wong Kar-Wai y por qué la juventud está regresando al cassette en la era de la Inteligencia Artificial.
Abelardo Ojeda: "La fotografía de calle es apropiarse de un lugar histórico antes de que desaparezca"
Hay imágenes que se quedan grabadas en la retina como una huella latente
A Abelardo Ojeda lo conocí en los años dorados de Flickr, fascinada por un proyecto suyo de personas besándose en la vía pública. Hoy, entre el barullo de un café en la emblemática colonia Santa María la Ribera, nos sentamos a desmenuzar su transición del diseño a la calle, su obsesión por capturar el caos bajo la tormenta y cómo el equipo fotográfico actual le permite congelar momentos que antes eran técnicamente imposibles.
El Accidente Digital y el "Efecto Cine" en la Calle
Todo comenzó hace unos 20 años con una Canon Rebel de 8 megapíxeles y el impacto de los libros de fotografía de la embajada de Japón que llegaron a sus manos en la adolescencia. Desde Dalí y Richard Avedon hasta la cruda caída en la escalera de incendios de Stanley Forman, la potencia de la imagen fija lo marcó para siempre.
Nara: ¿Cómo fue dar ese paso de captar el momento de forma orgánica a interactuar con la gente en proyectos tan íntimos como el de las parejas besándose?
Abelardo: Fotografiar parejas besándose a una distancia razonable en la calle no es nada sencillo, y menos en México; hay mucho tabú. Muchas veces lo que hacía era llegar y decirles: "Oigan, estoy haciendo este proyecto para un libro". Siento que hay una foto híbrida ahí. Por ejemplo, con una pareja de dos mujeres bajo la lluvia, me vieron e inmediatamente les dije: "No, no, sigan, sigan". Les dio un estilo de cine; se sintieron dentro de una película. Más que fotografiadas, se sintieron filmadas.
El Cazador de Tormentas: "Tales from the Rainworld"
Durante siete años, Abelardo se dedicó a perseguir las tormentas más densas de la Ciudad de México en hora pico. Un escenario donde el chilango promedio corre, sortea camiones y se vuelve invisible para el lente porque está demasiado ocupado sobreviviendo al caos.
Abelardo: A raíz de que cambié de equipo, me propuse buscar cosas que están desapareciendo. Como la foto que tomé en El Patio cuando se derrumbó, con un Jetta afuera que decía "Sicaria". O una florería vieja en mi colonia que era lo único abierto a las dos de la mañana con su luz de neón. Todas esas cosas se van quedando en el tiempo. Me puse el propósito de fotografiar lo que va a dejar de existir.
Viviendo en la zona de las protestas de la capital, Abelardo terminó por descifrar las rutinas de las marchas del 2 de octubre. Lejos del fotoperiodismo de agencia tradicional, él buscaba la estética cruda del desahogo generacional.
Abelardo: Con la foto de calle empecé a descubrir la Matrix. Vivimos rutinas muy predecibles: todos los 2 de octubre suceden las mismas cosas, los cercan igual, avientan la Molotov igual... Ya sé de dónde van, dónde van a tapizar, dónde se paran los granaderos. A pesar de estar ahí entre el peligro, yo digo: "Tengo dos segundos para hacer una foto que no se parezca a las de los otros cien fotógrafos que están ahí". Trato de buscar el spot seguro y capturar el cuadro grande.
Descubriendo la Matrix: Granaderos y Batallas Campales